Hoy, a una
semana de la pasada elección presidencial, me siento satisfecho de haber podido
participar de varias maneras durante gran parte del proceso electoral. No solo
tuve oportunidad de comunicar mis sentimientos políticos a mis compañeros de
universidad, también pude participar durante la votación como funcionario de
casilla y votando por el candidato al cual le deposité mi confianza.
Aunque no esté
satisfecho con los resultados de la votación, realmente creo que, pese a la
molestia de muchas personas en contra del ahora futuro presidente, puede haber
un gran cambio en nuestro gobierno. Debe quedar muy claro que no voté por Peña
Nieto, no simpatizo con su partido y menos con la manera en que pudo obtener
los votos a su favor. Pero si bien él será nuestro presidente, en nosotros los
ciudadanos recae la responsabilidad de hacer valer nuestros derechos y también
cumplir con nuestras obligaciones, exigir un cambio verdadero va más allá de
una votación o un nuevo presidente. No podemos esperar que una persona sea la
que rescate de la pobreza a la gente y terminar con la violencia que hoy
vivimos en México.
Podríamos hacer
marchas y plantones por todo el país, pero de qué manera ayudaría a cambiar
nuestra situación política y social, cuando se supone deberíamos hacer todo lo
contrario a paralizar a nuestro país. Debemos buscar mejores maneras de
protestar; trabajar y estudiar sería un buen comienzo para mejorar. No podemos
esperar que Peña Nieto cambie México, cuando somos nosotros los ciudadanos los
que debemos cambiar para poder así obtener mejores resultados. Exigir es fácil
para cualquiera, pero cumplir muy pocos lo logran.
Aunque parece
ser que la contienda electoral ha terminado, muchas personas no aceptan aún el
triunfo del candidato Enrique Peña Nieto, no los juzgo por eso ya que yo
tampoco estoy de acuerdo con ello. Lo mejor para los mexicanos que votaron o
vendieron su voto al Partido Revolucionario Institucional será razonar las
grandes consecuencias que tendremos como resultado del nuevo gobierno. No se
les puede culpar del todo por el triunfo de Peña Nieto, se puede comprender que
a veces las necesidades económicas tienen más peso sobre las decisiones
coherentes, que puede ser más fácil aceptar una despensa o unos billetes en vez
de hacer lo correcto. Lo único que nos queda es seguir adelante, mantener esa
lucha por ese bien común que tenemos la gran parte de los mexicanos y abrir los
ojos ante la realidad a la que nos enfrentamos. Lograr un cambio positivo en
México está en manos de todos, no permitamos que el futuro gobierno atropelle
nuestro anhelo de crecimiento.